Hay transformaciones que no comienzan en un directorio ni en un plan de inversión. Empiezan en el mostrador, cuando un cliente pregunta si puede pagar con QR o avisa que hará una transferencia. Así se digitalizaron buena parte de los cobros de las pymes argentinas: por presión de la demanda, necesidad de liquidez y facilidad de acceso, antes que por una estrategia tecnológica integral.
El cambio ya tiene escala sistémica. En junio de 2026, los pagos con transferencia interoperables iniciados mediante QR alcanzaron 108,2 millones de operaciones en pesos, un 75,4% más que un año antes, según el Banco Central de la República Argentina. Durante 2025, la población adulta realizó en promedio 30 pagos electrónicos mensuales y se registraron 18 pagos electrónicos por cada extracción de efectivo, frente a 10 en 2024, de acuerdo con el Informe de Inclusión Financiera del BCRA. El efectivo no desapareció, pero dejó de organizar por sí solo la vida comercial.
Una adopción por acumulación
La fotografía específica de las pymes muestra la convivencia de varios medios de cobro. El Informe de Cobros en Pymes 2026 de Getnet y Somos Pymes, realizado por Taquión, relevó a 517 personas con puestos de decisión en pymes. El 82% mencionó transferencias; el 74%, tarjetas; el 72%, efectivo; y el 58%, QR. Además, el 68% utilizaba más de una solución de cobro.
El relevamiento fue online, entre marzo y abril de 2026. Sus porcentajes describen a las empresas encuestadas, sin equivaler a un censo de todas las pymes argentinas. Como podían señalar varios medios de cobro, las respuestas no representan participaciones de mercado ni deben sumar cien.
Ese mapa describe una caja híbrida. La pyme no abandonó el efectivo para elegir una billetera: agregó opciones y decide cuál utilizar según el cliente, el costo, la promoción o el plazo de acreditación. La variedad facilita cerrar una venta, aunque también multiplica los movimientos que después deben ordenarse.
El pago ya es parte de la venta
El primer impacto es comercial. En la encuesta, el 35% de los comercios señaló que sus clientes preferían transferencias en compras presenciales; para el canal online, la proporción fue del 50%. Es la percepción de los comercios sobre sus clientes, no una encuesta directa a compradores. Los datos están recogidos en la presentación oficial de resultados de Getnet.
Para una pyme, aceptar el medio que el cliente quiere usar reduce una fricción en el momento decisivo de la venta. También extiende el negocio más allá del local: un link, un botón o un QR permiten cobrar desde una tienda online, una red social o una conversación de mensajería.
El segundo impacto está en la caja financiera. La acreditación inmediata mejora la disponibilidad de fondos y reduce el manejo físico de dinero, aunque su conveniencia depende de las condiciones de cada solución. Entre quienes usaban varias soluciones, el 52% decidía según los costos. El 41% de los encuestados prefería esperar para pagar menos comisión y el 43% tenía dudas sobre la comisión por cobro, según la misma presentación.
El cobro digital no es gratuito ni simple por definición.
Conocer el monto vendido no alcanza para saber cuánto dinero podrá utilizar el negocio. Importan la fecha de acreditación, los cargos aplicados y la relación entre ese ingreso y los compromisos que deben pagarse. Una promoción puede facilitar la compra y, al mismo tiempo, exigir una planificación más cuidadosa de la liquidez.
La brecha está detrás del mostrador
La paradoja más relevante aparece en la administración. El 54% de las empresas encuestadas afirmó operar solo con terminales físicas, sin integraciones. Ese resultado del informe presentado por Getnet muestra una distancia entre aceptar distintos medios de pago y conectarlos con la gestión.
Un pago digital deja un registro, pero si ese dato no se vincula con la factura, el stock, el canal de venta, la comisión y el costo financiero, la empresa puede seguir conciliando manualmente y desconociendo el margen neto de cada operación.
La caja se vuelve digital; la decisión empresarial, no necesariamente.
El BID analiza los pagos digitales como una vía de acceso al comercio no presencial para las mipymes. Para aprovechar esa posibilidad, la empresa necesita convertir las transacciones en información útil: saber qué cobró, por qué canal, cuándo dispondrá del dinero y cuánto le costó la operación.
También exige una precisión: digitalizar un cobro no formaliza por sí solo una empresa ni demuestra que aumenten sus ventas. Reduce fricciones y produce trazabilidad; el resultado económico depende de cómo se integra ese recurso al negocio.
La primera etapa de los pagos digitales en Argentina resolvió el acceso: cobrar con el celular dejó de ser excepcional. La segunda será menos visible y más exigente. Consistirá en ordenar costos, conciliar canales y utilizar la información de cada transacción para administrar liquidez, rentabilidad y riesgo. La frontera ya no separa al efectivo del QR. Separa a las empresas que cobran digitalmente de aquellas que, además, aprendieron a gestionar en digital.